Terremoto en Chile – una crónica sentimental

Coliumo donde antes del terremoto se vivía del turismo y de la pesca, ahora se parece más a Hiroshima

Coliumo devastado

TERREMOTO EN CHILE – Crónica sentimental, Parte I

Entre la certidumbre y la incertidumbre vivimos todos, conscientes o no. Nuestro planeta es giratorio en el espacio que nos rodea, y a su vez, gira y se mueve por dentro, por debajo de nuestros pies siempre ocupados con nuestras tareas cotidianas. Vivimos en la certidumbre de que mañana habrá chubascos intermitentes con una tarde soleada, la certidumbre de que los niños volverán al colegio el día señalado en el calendario escolar, y mientras tanto, podemos comprar en el supermercado según el horario establecido.
La incertidumbre en nuestras vidas irrumpe como un terremoto. Este terremoto en Chile, un país propenso a este fenómeno desde el surgimiento de las entrañas prehistóricas de la tierra de la Cordillera de los Andes, irrumpió en nuestra existencia a las 3.34 de la madrugada del sábado 27 de febrero de 2010. Nuestros sismólogos no habían detectado ni un atisbo del despertar de este Kraken que, según la escasa información disponible por radio, de momento ha asesinado unas 700 personas, principalmente en la Región del Bío-bío.
A las 3:34 de la madrugada, yo experimenté mi primer terremoto, 8,5 en la escala Richter, como una especie de mastodóntica locomotora de mercancías, descarrilada de las vías, lanzándose arrebolos y a lo bestia por debajo de mi cama, sacudiendo los cimientos de casa como si fuera una sábana sacudida por la ventana y puesta al viento.
La sacudida duró unos 3 minutos, según me enteré a posterior, puesto que en la abrumadora incertidumbre del momento, duró unos instantes que duraron una eternidad. El infinito encapsulado en unos segundos, o viceversa. Al sentir la tremenda fuerza de este animal mastodóntico desenfrenado, resucitado de los albores de nuestro mundo, su fuerza arrolladora me silenció cualquier reacción de terror ya que, lo tenía claro, para contrarrestar o frenar sus instintos básicos, más me valía descansar en la certeza de mi incertidumbre, en la inevitabilidad de su oscuro intento. Así que me quedé boca arriba, entregado a su vaivén, indefenso y más o menos relajado. La fuerza de mil caballos no es nada en comparación. Por suerte, esta casa de madera, débilmente construida sobre pilares de madera y sobre otra casa de madera por debajo, no se quebró. De hecho, se puede decir que bailó, como si fuera elástica. Y por fortuna, esta casa en la costa está construida sobre una roca sólida, a unos 40 metros por encima del nivel del mar que veo abajo.
Abajo en el pueblo, se ven en acción dos tipos de persona: el solidario, ayudando a repartir el agua que brota locamente por debajo del Puente de los Aburridos, gracias a una cañería rota de la traída, quebrada por el terremoto; y por otra parte, otra clase de ser humano, de un renglón bajo en la escala evolutiva de la especie. Estos seres saquean los supermercados y farmacias, a pocos metros del puente. Los políticos se ven reacios a lanzar a los “milicos” a la calle, a pesar de los saqueos y la casi total pérdida de orden y seguridad ciudadana. La explicación, según los rumores que son el pan de cada día en esta zona del Bío-bío sin cobertura telefónica, es que podrían traer recuerdos de la dictadura de Pinochet.
Ya es el tercer día, el lunes día 1 de marzo, la gentuza (no digo personas) sigue subiendo por los cerros con los carros del supermercado, cargados de lo que han robado. Y por fin, han llegado los “milicos”, se impone el toque de queda desde las 20:00 hasta el mediodía. Por fin hay luz en el centro del pueblo, y aquí en los cerros, seguimos pendientes del suministro. Y como vemos, se fue cualquier poesía que se podría hallar en las acciones altruistas de algunos – como el reparto del agua, como en el caso del señor del Cerro de Navidad que abre su patio de atrás donde tiene un pozo de agua porque, según cuenta, su padre le hizo prometer que no guardara el pozo para él solo, sino que lo dejara abierto a las personas. Esta mañana, mientras turnábamos todos para levantar el agua del pozo con un cubo, nos contó como, ayer, había pasado un desfile de vecinos por el patio y que, al final de la jornada, el nivel del agua había bajado solamente medio metro. Se expuso a la incertidumbre de quedar sin agua, pero la vida da sorpresas. Mientras relato esta historia humana de solidaridad y generosidad, sobrevuela un “Hércules” militar, desde Santiago a Concepción, con víveres a bordo, suponemos, para los de aquí abajo, o con “milicos” para imponer el orden a la fuerza. Una de las certidumbres de la condición humana es que, en situaciones extremas como ésta, el denominador común más bajo acaba por imponerse a todos. Del mismo modo que en la escuela donde se impone la lentitud del menos capacitado. La incertidumbre de nuestros días encima del terremoto ocupa y perturba nuestras almas.
Aquí, ya tenemos la costumbre de juntarnos, los miembros de tres casas que comparten el mismo portón, alrededor de una fogata de leña. Uno tuvo la idea de ahuyentar a los tábanos pero, sin embargo, el efecto resultó ser atrayente. Atrae a las personas de buen corazón, el fuego nos junta como si en algún lugar recóndito de nuestra ADN, aún albergáramos el dulce recuerdo de nuestros tiempos prehistóricos de cuando solíamos juntarnos alrededor del fuego en la cueva, para comer, entrar en calor, sentirnos amparados de nuestro salvaje mundo, o simplemente, para no sentirnos solos en la inmensidad de la noche. El fuego tiene el poder de ahuyentar y de unir.
Estas noches del terremoto, que ya son réplicas, charlamos de los políticos como seres de algún planeta alejado, hablamos de experiencias anteriores, en el terremoto de 1960 y de 1985. Pero éste les supera. Y en todo momento, nuestras miradas captan otras cómplices y solidarias, para descansar, soñando, en las llamas que se transforman en las brasas que marcan el final de nuestras agradables reuniones nocturnas. Y donde antes dormían cuatro, ahora duermen nueve, no se sabe cómo, pero en las noches del terremoto, todo se convierte en posible dentro de las pautas de nuestra incertidumbre y la enorme precariedad.
Esta tarde, la gente del denominador común más bajo sigue atracando las farmacias y supermercados, para encontrarse con los tiros al aire de los cansados carabineros del pueblo, agotados porque son 33, incluyendo los 3 de refuerzo que han llegado de Concepción, ante los centenares de ladrones que parecen salir de por debajo de las piedras. Los carabineros lanzan bombas lacrimógenas en un vano intento de frenarlos. El horror de lo más vil del ser humano. La marabunta va a la rapiña de ropa, detergente, botellas de alcoholo, no precisamente lo más imprescindible en una situación extrema como ésta.
Día 4 – martes 2 de marzo de 2010. El toque de queda se prolonga desde ayer a las siete de la tarde hasta las 12 del mediodía de hoy. Se va ampliando poco a poco. Pero como siempre, hay los que se sienten fuera o por encima de la ley y van a lo suyo. Lo único que pueden hacer los 33 carabineros es parar uno de vez en cuando, pedirle su carné de identidad y que respete las normas. Estamos en estado de sitio. Esta mañana hubo unas cuantas réplicas en esta casa que sabe bailar a su ritmo, hasta ahora.
Anoche en la fogata comunitaria, vimos fotos de la dantesca hecatombe en Dichato, un pueblo marinero y turístico a 8 km de aquí. En el curso de esta semana, la Municipalidad, a pesar de tener que haber abandonado su edificio por estar en estado peligroso, se encarga de distribuir alimentos, ropa y otras cosas de primera necesidad, entre los damnificados. Me resulta difícil comprender las imágenes de su bahía donde, apenas unos días antes del terremoto, tomaba un pisco sour mientras disfrutaba de una hermosa puesta de sol sobre los barcos de pesca, ya mezclados con las ruinas de las casas costeras. Es como si todo se hubiera pasado por una gigantesca batidora. La noche del desastre, algunas casas chocaron con las lanchas de pesca. El desastre en Dichato es total. Podemos considerarnos afortunados aquí en Tomé al contemplar lo que pasó en ese pueblo marinero de al lado. Nos quejamos de la falta de agua y luz, pero al menos hay matrices/tuberías de la traída rotas donde los vecinos se junta para repartir y compartir el agua. Bajamos al mar, estos días en calma, para traerla a casa en bidones o botellas, para limpiar los baños.Detrás de esta foto, hay centenares de pescadores, con sus  familias, que han perdido todo lo que tenían

Día 6 (viernes, 5 de marzo de 2010). Llegó la luz ayer, esta mañana otra réplica – de 6,8 en la escala Richter – nos despertó con su rugido de bestia indómita para sacudirnos del sueño. Se nota que andamos todos cansados, por el estrés, por la falta de agua en las casas como ésta en los cerros, por la fragilidad de la luz que ayer llegó y que esta mañana se cortó de nuevo. Siguen llegando los Hércules, aviones varios y helicópteros, con víveres, militares y todo tipo de apoyo, desde Santiago de Chile al aeropuerto de Concepción.
La rutina matinal aquí en los cerros consiste en esperar hasta el mediodía cuando termina el toque de queda, recoger los bidones y botellas y, con ellos, bajar o subir al punto más cercano con suministro de agua: grifos que abrió la Municipalidad en la parte exterior de algunos colegios, o algún que otro pozo particular. Para limpiar los baños, los que no tenemos agua de traída todavía – un 80% – ya tenemos la costumbre de bajar a la playa en bañador y llenar bidones o lo que sea. Y así todos los días ya que solamente tenemos capacidad de cumplir con las necesidades diarias. Otra mejora esta mañana: en un colegio público, el “Arturo Prat”, a partir de las 13:30 solamente teníamos que presentarnos con una olla, decir cuántos somos en casa y llenan la olla con un potaje delicioso de lentejas con verduras, además de dar un plátano por cabeza y leche con chocolate y galletas. Pero aún no tenemos suministro de agua y tampoco nadie le pone fecha.
Desde hace dos días tenemos farolas encendidas en la calle, y muchas casas tenemos luz esporádicamente y asimismo Internet desde ayer. Recibí una grata sorpresa ayer por la tarde al poder entrar en mi correo para encontrarme con unos 60 mensajes de la gente que me quiere, preocupada por mi bienestar. Todos estos días sin luz ni Internet ni teléfono son un foco de angustia para nosotros aquí dentro del mäelstrom como para los de fuera. Pero el ser humano es flexible y adaptable a su entorno, no importa lo adverso que sea: recurrimos a la estrategia del “menos-mal-que …”. Menos mal que vivimos en la costa y así, siempre hay agua, aunque sea salada. El addéndum a este menos-mal-que en particular, claramente, es que el mar puede convertirse en tsunami, cosa que hizo en varias zonas costeras del Bío-bío. Y a continuación, menos mal que ya han empezado con el reparto de comidas, lo cual se puede contrarrestar con: si tuviéramos agua en nuestras casas, no haría falta.
Como gringo inglés entre chilenos, puedo decir que la mayoría de la gente es solidaria, acogedora, ingeniosa, amistosa y trabajadora. Me daría vergüenza ver la recepción de un chileno en Inglaterra. Pero existe otro sector de la población, un porcentaje mínimo aunque con consecuencias que afectan e infectan a todos los demás: me refiero a los ladrones, aquí denominados “flaites”. Ellos son del polo opuesto, incluso en una situación de alta adversidad como la de un terremoto. Si ven la posibilidad de robar, roban. Estos días, son ellos los responsables de este toque de queda militar. Y al robar del supermercado o de la farmacia, no se limitaron a robar lo estrictamente necesario, a menos que se pueda considerar necesario detergente, ropa, pañales, botellas de alcohol. El gobierno les ha declarado la guerra, prometiendo que, una vez terminado este infierno, que les caerá encima toda la fuerza de la ley, con dos grados más que lo normal de gravedad. A diferencia de mí, los chilenos no señalan con el dedo al grito de “¡Ladrón!” al ver a esto “flaites”. Prefieren mantener la discreción, por medio a que les claven un cortaplumas. Voy a ver si es posible suscitar algún movimiento de concienciación social, en cada pueblo y ciudad de Chile, de modo que el ladrón esté llevado ante la justicia o que se quede en su casa, y por otra parte, de tal manera que el ciudadano no tenga miedo a denunciar a los ladrones conocidos y desconocidos, al poder contar con las autoridades. Pero “maybe I’m a dreamer, but I’m not the only one”.

Días 5, 6 y 7

Los días pasan a una velocidad galopante, a la estampida, como una locomotora descarrilada, de modo que estos tres días se han fusionado para mí. Se va acumulando el estrés, por el derroche de energías para conseguir los consumos básicos. Me quejo pero sigo siendo de los afortunados. Quedó arrasado el 80% de la ciudad de Constitución, el pueblo marinero y turístico de Dichato no solamente quedó arrasado por el tsunami sino que ahora está en cuarentena. Un barco cargado de jibia se empotró en una casa. Y el futuro de los pescadores de la Región del Bío-bío constituye otra de las incertidumbres que cuelga como la espada de Damocles. En el almuerzo con amigos ayer, conversamos sobre la actitud chilena hacia los robos. Una de las mayores preocupaciones ha sido y es la de los “flaites”, el nombre popular y jocoso que se la da al ladrón de poca monta. El “flaite” es una faceta negra del carácter chileno quien, a pesar de las generalizaciones que se hacen de los chilenos, no es la más común. Simplemente es la más molesta, una lacra nacional que, en circunstancias normales, obliga al chileno medio a gastar su plata en medidas de seguridad para su hogar. Muros altos, cristales rotos, sistemas electrónicos, medidas de vigilancia, perros, vallas, etc. entran en el coste de la vivienda. El causante es el ladrón, de ahí la necesidad de invertir en la seguridad.
Pero en esta época del gran terremoto de Chile, los ladrones actúan sin cuartel: aquí en Tome y en la ciudad capital de la región, Concepción, entraron a saco, a plena luz del día y salieron, sin prisas, con los carros del supermercado, cargados hasta los topes. Lo que más me sorprendió de los saqueos ocurrió cuando vi, en el noticiario en la televisión, un saqueo en directo, de salmón en un almacén, los ladrones con la cara destapada delante de la cámara, sin ninguna intención de querer o necesitar ocultarse. Parecía un procedimiento normal y consentido. El gobierno impuso el toque de queda demasiado tarde, comentamos en nuestra tertulia. Ocurrió el desastre, incluso en este pueblo donde todo el mundo se conoce, y se buscó el remedio a base de la fuerza militar. La impunidad del ladrón en Chile conlleva a su chulería. Está acostumbrado a acampar a sus anchas sin ningún reproche, sin que el vecino le señale con el dedo y como máximo, con una noche en la cárcel. Lo que Don Carlos, amigo que vivió los terremotos del ’60 y del ’85, denomina el “estado garantista” que él cree que va a cambiar Sebastián Piñera, a partir de esta semana entrante, en su cargo como presidente de la nación. Lo cierto es que, la semana pasada, Jaime Tohá, el Intendente Regional (más o menos como un presidente autónomo en España) declaró que después de este estado de emergencia, la ley caerá sobre estos criminales con dos grados más de gravedad. A nivel local, la municipalidad de Tomé ha manifestado su intención de habilitar un local donde se colocarán fotos y datos de los que han robado desde el terremoto. De esta manera, es posible que los chilenos, poco a poco, dejen de tener miedo a denunciar robos, miedo a ser apuñalados. La política del nuevo presidente queda por ver en la práctica.
Ya pasó una semana desde el terremoto, y se nota el cansancio. Por tener que seguir buscando agua, víveres, por tener que rezar para que haya comunicaciones y luz sin cortes, fuentes de angustia que se agregan a la que causan los ladrones y las réplicas. Hoy, domingo 7 de marzo, los alicientes van en aumento: se reparte comida gratuita, hay cada vez más zonas con luz y comunicaciones, aunque sean intermitentes todavía, y se empieza a ver maquinaria arreglando las calles y edificios. También nos sentimos aliviados por la disminución de los robos. (Mientras escribo estas líneas, a las 20:50 del domingo, la casa baila un agresivo tango, tal vez un 5 o 6 en la escala Richter. La placa de Nazca sigue chocando con la de Suramérica, y según los sismólogos, seguirá así durante un año más, aunque con cada vez menos intensidad y frecuencia). Los pescadores de Los Bagres se echaron al monte el mismo día del terremoto, por miedo a un posible tsunami y porque hubo un desmoronamiento de tierra que mató a un niño. Por eso acampan en el campo de fútbol de arriba.
Este viernes y sábado pasados, en la televisión, se celebró una “teletón”, una cadena de solidaridad de todo el país donde todo el pueblo chileno aportó dinero para levantar Chile. La meta era de 15 mil millones de pesos chilenos pero se recolectaron 30 mil millones (43 millones de euros). Como reza el lema en este país, “Chile ayuda a Chile”, que dicho de otra forma, significa que hay mucha solidaridad aquí.
En el transcurso de nuestras fogatas filosóficas vecinales, una especie de fuga hacia nuestro pasado más remoto y cavernícola, se han fraguado amistades y se han compartido el mutuo apoyo e ideas para el futuro de este país ascendente a pesar del todo. Una de esas ideas es que todos podemos y debemos aprender lecciones múltiples, a nivel personal y nacional. Los valores básicos subieron de valor en la bolsa de la vida. Y mientras filosofamos, surgen de las entrañas de la tierra nuevos huérfanos, cuerpos atrapados por los escombros, ahogados, aplastados, un sinfín de desgracias humanas que yo solía ver desde la comodidad de un sofá en mi querida Galicia, pero que ahora vivo en directo. Como dice Joaquín del periódico, lo bueno es que vivo para contarlo.
A modo de conclusión a este informe sentimental sobre un terremoto que apenas ha comenzado, quiero hacer míos los comentarios de Luis Molina, vecino mío, co-patrullero y cabeza pensante en este país: “En una catástrofe se eliminan las diferencias. Todos somos iguales en una fila que recolecta agua. El dinero o el poder no hacen la diferencia. Con todos los errores que podamos haber cometido en estos días, nos hemos conocido verdaderamente como vecinos, nos hemos tratado de tú a tú: moros y cristianos. Los hijos dejaron internet, jugaron juntos, se asustaron juntos, trabajaron juntos. Vivimos esta experiencia en comunidad como hacía mucho que no lo hacíamos. Pensé en que si no hubieran muertes y daños que lamentar, que si eso sólo fuera un susto, un remezón de conciencia, sería muy bueno que todos sintiéramos nuestro propio terremoto.”
LOS MILICIANOS NOCTURNOS
A la noche encendemos una fogata con leña, en la calle. Uno lleva petaca de tequila para entrar en calor, charlamos y compartimos los últimos rumores de que va a llegar el agua o la luz o cualquiera de esas cosas de la modernidad, cosas de ese mundo exterior al que ya no tenemos acceso, siempre atentos a los pitidos de otros “milicianos”.
De repente suena un pitido de los compañeros de más abajo en el cerro. Cogemos nuestros palos respectivos y bajamos las escaleras corriendo para salvar al barrio de los “flaites” – ladronzuelos de poca monta que entran en las casas o supermercados o donde sea.
A veces resulta ser una falsa alarma ya que los ánimos están crispados con tanto estrés de tener que buscarnos la vida, día a día, para conseguir lo más básico. Y fastidia cantidad tener que defender nuestras casas en contra de estos energúmenos imbéciles siempre merodeando para ver lo que pueden rapiñar. Rodeamos a uno, al pillarle a la salida del cementerio por donde le habían perseguido los policías. Más le vale que no le cojan los “milicos” que no entienden de diálogo.
Le rodeamos, palos en la mano, y él, agobiado, confiesa “No, no estuve robando. Vengo de casa de un amigo tomando tragos”.
No le creemos. Uno de los milicianos lleva un palo de hierro candente, candente porque lleva horas al rojo vivo en la fogata, él un ex-milico, les tiene verdaderas ganas a los ladrones. No le dejamos tocarle. Lo que le salva a este ladrón mentiroso es que llega una furgoneta cargada de ágiles carabineros armados hasta los dientes y con ganas de coger a uno de estos por la oreja. Le llevan directamente a la parte de atrás abierta de la furgoneta, le echan adentro y se le echan encima. Estos ladrones tienen fama de llevar un cortaplumas – por eso le rodeamos pero sin acercarnos mucho. Pasó la noche en la cárcel. Al terminar todo esto, y bajo un nuevo gobierno, la ley le caerá encima con 2 grados más que lo normal de gravedad. O al menos es lo que dice el gobierno entrante.
Día 8 (9 de marzo de 2010)
Unos estamos entrando en otra dinámica mejor: contamos con agua, luz, comida gratuita a diario y hasta teléfono e Internet para comunicarnos. Todo ello va matando las fogatas vecinales y las fogatas de las patrullas nocturnas ya que volvió la luz a las calles, dificultando la faena a los ladrones y con ello, cada uno a su casa. Pero los vínculos generados al calor del fuego siguen en pie, y algunos pasarán las pruebas del tiempo. Con la mejoría de las comunicaciones y la vuelta poco a poco del transporte, nos vamos enterando de la envergadura lo que pasó en este país, con toda su cercanía e inmediatez. Acabo de ver en la televisión el derrumbe controlado del edificio en el que vivía Jorge hasta hace un mes. Hoy me enteré que en Talcahuano la mejor amiga de una amiga había muerto aplastada, cuando el tsunami derribó la pared de su casa. Hay los que se quedaron sin hogar, hay los que acababan de entrar en una vivienda con hipoteca, en un edificio ya condenado por un acuerdo tácito entre la Madre Naturaleza y el constructor poco ético. En este clima de incertidumbre, prolifera cada vez más la persona sin palabra de honor, que estafa, exprime y va a lo suyo, y en esta situación de emergencia, solamente se puede gritar a los cuatro vientos: Don Rómulo de Tomé, por ejemplo. Hay el caso de Leti, la propietaria de cuya casa, sin previo aviso, igual que el terremoto, le ordena desalojar su casa alquilada porque ella misma quiere trasladarse allí porque la suya cayó en pedazos. No hay contrato ni palabra de honor que valga. En Talcahuano, se vio un caballo partido en dos cerca de las pesqueras. La madre de un amigo tiene los nervios destrozados. Una amiga de Concepción viene a mi casa a pasar la noche para poder dormir bien y sin preocuparse por las grietas en los pilares de su edificio. Creo que va a ser un año ajetreado para los psiquiatras. Noto una psicosis por la amenaza de otro tsunami, otra incertidumbre que nadie intenta paliar con dispositivos sensores en el Pacífico. La prevención, por lo visto, no suele entrar en los esquemas (o tal vez, en los presupuestos) de nuestros gobernantes. Intentar curar a posteriori, lamentarse, rasgarse las vestiduras y derramar una lágrima de cocodrilo parecen ser la tendencia preferida. Una certidumbre más de la condición humana.
Einstein nos explicó la relación entre el espacio y el tiempo. El terremoto en Haití empieza a alejarse de las portadas de los periódicos, la isla se desplaza hacia el olvido. Fue reemplazado en los medios de comunicación por el terremoto en Chile, y ahora, hay terremotos registrados en Turquía y Taiwán. Estos lugares se desplazan en el tiempo, en nuestra cabeza, hacia una estantería llamada olvido. Pero ahora he aprendido de primera mano que su tragedia apenas ha comenzado. Igual que el caso del desastre, del año 1984, de la Unión Carbide, en Bhopal, la India, donde el vertido de productos tóxicos siguen deformando y matando a miles. Bhopal se alejó de nuestros medios de comunicación. Si E = mc2, entonces el tiempo desplaza al espacio devastado por la catástrofe. Ley de la física, de tipo humano.

Crónica sentimental Parte IV
Ya han pasado 10 días desde el terremoto y las 3 réplicas fuertes, de 5 y 6 en la escala de Richter nos pesan a todos, más que las réplicas diarias suaves. En cualquier otro país del mundo, las llamarían terremotos. Muchos pasamos la noche en blanco, incluso a la intemperie y menos mal que todavía es verano, aunque va dando sus últimos coletazos en la Región del Bío-bío que se sitúa en el centro y centro sur del país. En Radio Bío-bío esta mañana, fiel acompañante informador desde el principio, nos informan de que han caído 300 casas de adobe junto al Río Bío-bío. Otra necesidad acuciante es la de esparcirnos, eludirnos. Esto no es Haití, Chile tiene la capacidad de reponerse y lo está haciendo en todo momento desde hace unos días. Pero el estrés deja huella y para evitarlo, hay que reunirse con los amigos, familiares, vecinos, algo.

¿Y qué me dice del Mago Yin? Pronosticó el terremoto del 27 de febrero, pero allá atrás en diciembre pasado, y ahora prevé otro posible terremoto grande sobre el 14 de este mes. La incertidumbre de un vidente frente a la certidumbre de los científicos. El vidente acertó, los sismólogos declaran que actualmente no disponen de las herramientas para predecir un terremoto. Los científicos nos informan de que la ciudad de Concepción se ha desplazado más de tres metros hacia el oeste, Santiago casi 24 centímetros, Valparaíso cerca de 28 centímetros, debido al movimiento de las placas tectónicas, una guerra entre la de Nazca y la de Suramérica. Y como lo dicen los científicos, y como se puede razonar el proceso científicamente, la mayoría lo acepta como un hecho. No es una cuestión del futuro sino del pasado, de un viejo conflicto que se remonta a la era glaciar, que se ha comprobado con instrumentos. Pero los científicos no hablan de un posible futuro, más bien se centran en explicar el pasado. Lo que diga el vidente, sin embargo, se refiere al futuro, cosa que no puede aceptar la gente con mentalidad “científica” (paréntesis porque suele lindar con lo dogmático y sin argumentación científica). Como dijo el poeta, “se hace el camino al andar, golpe a golpe”. Y los golpes que dan la tierra por debajo de nuestros pies ciertamente nos impulsan a andar. A la fuerza mucha gente está cambiando el rumbo en su vida, mudándose de casa, de zona, de suerte económica … Elucubraciones durante un terremoto. En este ambiente, lo que reina son los rumores, la especulación, la suposición. Llevamos todo el día de hoy con réplicas, con tres principalmente pero con otras más pequeñas. Y entre las regiones IV y X, por motivos cautelares, hay alarma de un posible tsunami. (Al final del día de hoy, no hubo tsunami pero sí se comprobó la eficacia de los sistemas de evacuación). Por eso la necesidad de evadirse, pero sobre todo, de preocuparse más que nada por tener víveres, botellas y bidones llenos de agua, etc. El nuevo presidente, Sebastián Piñera, tomó los mandos esta mañana mientras hubo réplicas. La vida sigue y hay que seguir luchando. Pero volviendo a las elucubraciones, tal vez se puede predecir un futuro posible, en base a lo que existe en este instante. Tal vez cada uno puede modelar una de varias posibles líneas del tiempo, porque el futuro empieza ahora y porque estamos en un planeta viviente, Gaia. Y cada uno influye en él, con su grano de arena, su gota en el océano, con su actitud personal. El terremoto ofrece nuevas oportunidades, a nivel personal y nacional.

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